{"id":11166,"date":"2018-08-13T00:00:00","date_gmt":"2018-08-13T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/dejemonos-observar-cultivando-los-suenos"},"modified":"2024-02-22T21:34:57","modified_gmt":"2024-02-23T03:34:57","slug":"dejemonos-observar-cultivando-los-suenos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/dejemonos-observar-cultivando-los-suenos","title":{"rendered":"Dej\u00e9monos observar, cultivando los sue\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;<\/i><\/b><b><i>V\u00edctor<br \/>\nCorcoba Herrero<br \/>\n<\/i><\/b><\/p>\n<p><\/p>\n<p>Naciones Unidas nos comunica unos datos verdaderamente conmovedores. Inserto el p\u00e1rrafo: \u201cActualmente, existen en el mundo mil ochocientos millones de j\u00f3venes entre los diez y veinticuatro a\u00f1os de edad. Es la poblaci\u00f3n juvenil m\u00e1s grande de la historia; sin embargo, uno de cada diez vive en zonas de conflicto y veinticuatro millones de ellos no asisten a la escuela. La inestabilidad pol\u00edtica, los desaf\u00edos del mercado laboral y el limitado espacio para la participaci\u00f3n pol\u00edtica y c\u00edvica han llevado al aislamiento de los j\u00f3venes de las sociedades\u201d. Grave error el de acordonarnos, cuando lo fruct\u00edfero es abrirse a los dem\u00e1s, convivir junto a ellos, proyectar vidas en com\u00fan, favorecer el encuentro, escuchar a los que nadie quiere escuchar; y es, por ello, que nos hacen falta liderazgos mundiales que nos armonicen, sin excluir a nadie, incorporando otros lenguajes m\u00e1s desprendidos y centros de ense\u00f1anza para todos los chavales. <\/p>\n<p>Hoy por hoy, lo que manda es el dinero, aunque la gente hierva entre angustias y desprecios, eso s\u00ed, con multitud de amigos virtuales que te hacen sentir a\u00fan m\u00e1s solitario, pues son las relaciones frente a frente las que nos humanizan y nos ayudan a superar las controversias. Ante esta soledad aislante que se empecina en imponerse en nuestra vida presente, propongo salir a estar con la gente, a mirarse cara a cara, a verse en los dem\u00e1s, para poder marchar de esta burbuja de intereses y socializarnos humanamente.<\/p>\n<p>Por eso, es saludable para la propia convivencia dejarse observar por nuestros an\u00e1logos, desde el respeto y la consideraci\u00f3n de un esp\u00edritu libre, teniendo acceso de este modo al curso de la realidad, a los hechos, cada uno de ellos dentro de esa innata din\u00e1mica social, por la que cohabitamos y existimos.  En esto los abuelos, con su c\u00e1tedra viviente a las espaldas, pueden ayudarnos a entendernos. Por desgracia, vivimos un momento en el que los ancianos tampoco cuentan, y esto es grave, grav\u00edsimo, sobre todo porque su historia se enra\u00edza en nuestra vida. Unos moradores que no atienden a sus predecesores no tienen coraz\u00f3n y tampoco tienen camino. Lo han destruido con su propia indiferencia.<\/p>\n<p>Naturalmente, es a trav\u00e9s de esta galopante apat\u00eda como hemos llegado a esta atm\u00f3sfera inhumana que padecemos. Personalmente, ante esta deshumanizaci\u00f3n me gusta aguzar los sentidos y siempre veo a una mujer armonizando, ofreciendo ternura, comprensi\u00f3n y coraje. Por cierto, recientemente lleg\u00f3 a m\u00ed un manifiesto de diez chicas participantes  en unos talleres de empoderamiento, en el que lejos de ser excluyentes, fomentaban el apoyo de familiares y amigos. A prop\u00f3sito, dec\u00edan: \u201cNo queremos que nos regalen las cosas, sino lograrlas por nosotras mismas. Queremos ser admiradas. Si nos caemos, volver a levantarnos. Confiamos en nosotras mismas y necesitamos desarrollarnos, crecer y cumplir nuestros sue\u00f1os\u201d. En efecto, cada uno de nosotros es parte de un hogar, de un pueblo, de una humanidad, para la que hemos de trabajar todos en conjunto. Desde luego, los anhelos deben hacerse para crecer interiormente, probarse y compartirse. En  consecuencia, nadie puede ser marginado, es tiempo de hacer unidad y de no encerrarse en uno mismo. <\/p>\n<p>Est\u00e1 visto, que por propia naturaleza humana, todos, seamos hombres o mujeres, tenemos una misi\u00f3n que llevar a buen t\u00e9rmino, sabiendo que lo fundamental es que nuestros propios sue\u00f1os sean fruct\u00edferos. Activemos, por tanto, el deseo de so\u00f1ar en grande, que nadie no los robe. \u00bfPor qu\u00e9 no imaginar un planeta sin muros? \u00bfPor qu\u00e9 no meditar sobre otras fortalezas que no sea el don dinero? \u00bfPor qu\u00e9 no anhelar otros horizontes menos dominadores y m\u00e1s libres? Adem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 quieren que yo sea el que no quiero ser? Ciertamente, es cuesti\u00f3n de interrogarse, de buscar puntos de referencia, de apasionarse por vivir liberado de cadenas, a\u00fan a riesgo de obligarme a emigrar de mi zona de confort. <\/p>\n<p>Seguramente, en este caminar cotidiano en el que somos multitud haya que arriesgarse para ser \u00fanico como el verso y uno en ese amor aut\u00e9ntico, franco y animoso. Ac\u00e1 est\u00e1 el recuerdo, siempre vivo, del autor brit\u00e1nico Vidiadhar Surajprasad Naipaul, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2001, fallecido recientemente, afanado en convertirse en su propio maestro a trav\u00e9s del lenguaje de los latidos, haci\u00e9ndose tan fuerte como so\u00f1ador. Sea como fuere, m\u00e1s que nunca requerimos de una mayor inclusi\u00f3n, al menos para poder acariciar el sentimiento propiciado por otros contextos, a veces incomprendidos y en otras ocasiones ignorados. Al fin y al cabo, y a pesar de los muchos pesares, lo importante es aguzar el o\u00eddo, luego saber mirar y ver, para seguidamente poder enhebrar el sue\u00f1o; y, al fin, poder despertar, con la esperanza del deber cumplido sobre los labios de la esencia del yo en nosotros. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11166"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11166"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11166\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28930,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11166\/revisions\/28930"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11166"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11166"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11166"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}