{"id":10889,"date":"2018-07-12T00:00:00","date_gmt":"2018-07-12T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/organicemos-otro-mundo-olvidemonos-del-mercado-de-intereses"},"modified":"2024-02-22T21:33:17","modified_gmt":"2024-02-23T03:33:17","slug":"organicemos-otro-mundo-olvidemonos-del-mercado-de-intereses","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/organicemos-otro-mundo-olvidemonos-del-mercado-de-intereses","title":{"rendered":"Organicemos otro mundo \u201colvid\u00e9monos del mercado de intereses\u201d"},"content":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;<b><i>V\u00edctor<br \/>\nCorcoba Herrero<\/i><\/b><\/p>\n<p><\/p>\n<p>La tierra es cada vez m\u00e1s todos y de nadie. No tiene sentido levantar muros o privar de libertad a los migrantes, pues su situaci\u00f3n no es irregular, sino de necesidad en la mayor\u00eda de las veces. Por tanto, la detenci\u00f3n para controlar ese mundo que transita de ac\u00e1 para all\u00e1 ha de ser el \u00faltimo recurso y los pa\u00edses deben priorizar alternativas que favorezcan el encuentro. Estamos llamados a entendernos y a no confundir t\u00e9rminos, puesto que todos caminamos por la vida, y nos merecemos dignificarnos y tomar conciencia de que el hogar es un indiviso planetario en el que nadie puede quedar excluido. No hay otro horizonte que el de la uni\u00f3n. En consecuencia, es vital la renuncia a este mundo de esclavos y sentirse emancipado para dignificarse como ciudadano y huir de las enormes injusticias que nos acorralan. Ya est\u00e1 bien de sentirnos perseguidos por ese universo de privilegiados que se creen due\u00f1os y se\u00f1ores del planeta. No hacen falta gentes de poder, sino servidores que no avasallen. Tampoco son precisos instrumentos de destrucci\u00f3n ciudadana, sino enseres aut\u00f3nomos dispuestos a restaurar la aceptaci\u00f3n entre mortales. De nada sirve ese mundo intelectual, insensible, que no es capaz de ir al encuentro de los d\u00e9biles. Urge, por ende, un cambio de mentalidad, que no es otro que salir de nosotros y activar el coraz\u00f3n, para poder recoger, acoger  y reconocer a nuestros an\u00e1logos, pues somos comunidad y no est\u00e1 bien sentirse solo y aislado.<\/p>\n<p>No me gusta este mundo que aparta, desune, confina y clausura. Cualquiera de nosotros podemos ser v\u00edctima de esta deshumanizaci\u00f3n sin precedentes. Los migrantes nunca deben ser considerados criminales. De igual modo, las personas indigentes no se merecen nuestra indiferencia. No estamos aqu\u00ed para alejarnos, sino para reencontrarnos unos con otros, para injertarnos aliento y sustento, con toda sencillez y humildad. Me niego a concebir este c\u00edrculo de soledad generado, en parte, por el pedestal de los acaudalados. Nuestro objetivo ha de ser muy distinto al de aquellos que atesoran pertenencias como objetivo de vida, debe ser de desprendimiento, de mano tendida, de consideraci\u00f3n y afecto hacia los que menos tienen. Esto es f\u00e1cil escribirlo. Lo s\u00e9. Nos han visionado y adoctrinado hacia una vida que excluye  y esto, indudablemente, cuesta superarlo. Olvidamos que en esta vida todo es nuestro, y esto implica preocupaci\u00f3n por los semejantes a nosotros y responsabilidad com\u00fan de compartir. Al fin y al cabo, lo significativo es vivir con lo esencial, dej\u00e1ndose acariciar por esa mirada triste que tiene tras de s\u00ed su propia historia. En efecto, lo transcendental no es duplicar los gastos en defensa, sino la de adherirse a otra misi\u00f3n m\u00e1s de rectitud y clemencia, de comprensi\u00f3n y hermanamiento. Por otra parte, nadie me negar\u00e1 que seamos una generaci\u00f3n que hablamos de paz continuamente; sin embargo, traficamos con armas como nunca, y hacemos el mayor negocio con ellas. Son estas incongruencias, precisamente, las que tenemos que cambiar. Con raz\u00f3n, el colmo de todas las maldades germina de la hipocres\u00eda.<\/p>\n<p>Naturalmente,  somos fan\u00e1ticos de ese mundo fingidor que es el que deber\u00edamos rescatar, m\u00e1s pronto que tarde. Por desgracia, nos hemos acostumbrado a decir una cosa, pero a hacer otra muy distinta. Y esto lo digo sin el menor asomo de revancha. Nos gobiernan las actitudes c\u00ednicas que todo lo contaminan y corrompen. La corrupci\u00f3n nos demuele como habitantes de bien. Adem\u00e1s, andamos saciados de proclamas de los derechos humanos, pero tienen bien poca consideraci\u00f3n para aquellos l\u00edderes que los pisotean a diario, que cierran las puertas fronterizas sin solidaridad internacional alguna. Predicamos de los j\u00f3venes y de nuestro propio futuro y hacemos nada por enfrentarnos a las desigualdades en el mercado laboral. Es cierto que la educaci\u00f3n y la formaci\u00f3n son cruciales para conseguir un puesto de trabajo decente, pero luego los sistemas existentes no responden a las necesidades de aprendizaje de una gran cantidad de chavales. Efectivamente, lluvia de falsedades es lo que prolifera. Lo aut\u00e9ntico lo hemos desvirtuado y nada es lo que parece. Esto es una desgracia, como lo es la ausencia de libertades. Las personas requieren como primer valor, volar y poder pensar, hablar sin doblez. \u00danicamente de este modo podremos conciliar posturas, aproximar entendimiento, conjugar emociones y reconducir simpat\u00edas. Por eso, los mejores l\u00edderes del mundo son: el po\u00e9tico decir (la verdad siempre), el po\u00e9tico donar (siempre el amor) y el po\u00e9tico dirimir (armonizar siempre). Quiz\u00e1s, entonces, el cielo est\u00e9 en nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":10890,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10889"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10889"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10889\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28827,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10889\/revisions\/28827"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10890"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10889"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10889"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10889"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}