{"id":10728,"date":"2018-06-25T00:00:00","date_gmt":"2018-06-25T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/no-todo-se-solventa-con-la-prision-hay-penas-que-solo-pueden-penarse-en-familia"},"modified":"2024-02-22T21:32:00","modified_gmt":"2024-02-23T03:32:00","slug":"no-todo-se-solventa-con-la-prision-hay-penas-que-solo-pueden-penarse-en-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/no-todo-se-solventa-con-la-prision-hay-penas-que-solo-pueden-penarse-en-familia","title":{"rendered":"No todo se solventa con la prisi\u00f3n (Hay penas que s\u00f3lo pueden penarse en familia)"},"content":{"rendered":"<p><b>Algo m\u00e1s que palabras, por:&nbsp;V\u00edctor Corcoba Herrero<\/b><\/p>\n<p>Globalizado el mundo, algo propio de unos moradores sociables, se requieren reglas de convivencia, y esfuerzo por entendernos. La realidad, sin embargo, muestra la existencia de ciertos actores dispuestos siempre a la venganza y al esparcimiento del odio. Esto requiere, desde luego, una respuesta adecuada, que no tiene porque ser una pena p\u00fablica. Personalmente, pienso, que no todo se solventa con la prisi\u00f3n. Estar entre rejas, hoy por hoy, no significa garant\u00eda a posteriori de cambio de actitudes. Por ello, es importante multiplicar los esfuerzos encaminados al encuentro de unos y otros; puesto que, a pesar de que la generaci\u00f3n actual posee el nivel educativo m\u00e1s alto de la historia, todav\u00eda queda mucho por hacer. Los planes educativos no suelen fomentar ese esp\u00edritu conciliador y comprensivo, tampoco permiten acceder a un trabajo decente, salir de la pobreza y alcanzar un nivel de bienestar satisfactorio. <\/p>\n<p>En consecuencia, habr\u00e1 que revisar y mundializar esas pol\u00edticas penitenciarias, observando en todo momento, si en verdad est\u00e1n enfocadas en la prevenci\u00f3n, el cumplimiento de la ley, la rehabilitaci\u00f3n y reinserci\u00f3n social. De igual modo, habr\u00e1 que incidir mucho m\u00e1s en  esa tarea formativa para la vida en familia. Hay males sociales, por otra parte, que requerir\u00e1n la implementaci\u00f3n de otras pol\u00edticas m\u00e1s humanitarias y de inclusi\u00f3n social. <\/p>\n<p>De pronto, nos hemos convertido en jueces. Cuesti\u00f3n deplorable. Olvidamos que la falta de libertad es, sin duda, una de las carencias m\u00e1s fuertes. No podemos seguir marginando a nuestros an\u00e1logos. De ah\u00ed, la importancia de que todos los gobiernos del planeta y sociedades en general, deban activar el prop\u00f3sito de abordar las desigualdades socioecon\u00f3micas sistem\u00e1ticas, facilitando con la escucha, siempre la mano tendida, pues nos interesa a todos un futuro m\u00e1s equitativo, arm\u00f3nico, poniendo fin a la humillaci\u00f3n y a esa bochornosa exclusi\u00f3n social, que tanto nos sacrifica en el momento presente.<\/p>\n<p>Sea como fuere, ninguna sociedad cultivada en los verdaderos valores humanos, puede justificarlo todo con la reclusi\u00f3n, con enjaular a la gente. Nos hace falta otra apuesta m\u00e1s reconciliadora, o s\u00ed quieren, m\u00e1s esperanzadora. No es ninguna utop\u00eda. Se puede llevar a buen t\u00e9rmino, s\u00f3lo hace falta rehabilitar a los culpables. No es f\u00e1cil, lo sabemos, pero todos nos merecemos ser tratados con respeto y dignidad. Los argumentos contrarios a la pena de muerte son muchos y bien conocidos. Cualquier condena que perpet\u00fae la privaci\u00f3n de libertad es una pena destructiva oculta. O la misma prisi\u00f3n preventiva, utilizada de manera abusiva como anticipo a la pena, tampoco resuelve nada. Ya no hablemos de otras sanciones inhumanas y degradantes como puede ser la tortura, la imposibilidad de comunicarse. Todas estas penurias suelen provocar sufrimientos ps\u00edquicos y f\u00edsicos de dif\u00edcil reparaci\u00f3n. T\u00e9ngase en cuenta que todos tenemos el derecho de poder levantarnos de nuevo y de rectificar. Adem\u00e1s, pensemos que no suele haber acci\u00f3n justa, que no lleve impl\u00edcitamente tambi\u00e9n un acto de clemencia y humanidad. <\/p>\n<p>En efecto, ninguno somos perfectos. Cu\u00e1nta necesidad tiene el mundo de ser un poco m\u00e1s generoso hacia sus equivalentes, de ser menos enjuiciadores y m\u00e1s protectores. Precisamente, ya lo advert\u00eda en su \u00e9poca el inolvidable matem\u00e1tico y fil\u00f3sofo griego Tales de Mileto (624 AC-546 AC): \u201cla cosa m\u00e1s dif\u00edcil es conocernos a nosotros mismos; la m\u00e1s f\u00e1cil es hablar mal de los dem\u00e1s\u201d. As\u00ed es, en lugar de dignificarnos y de ayudarnos a hacer la transici\u00f3n desde el horror a la curaci\u00f3n,  r\u00e1pidamente condenamos a cualquiera, sin analizar las causas y los motivos, para poder crear nuevas ocasiones de rescate, para que quien se haya equivocado comprenda el mal hecho y vuelva a ser m\u00e1s coraz\u00f3n que mercanc\u00eda, m\u00e1s verso que barrotes. <\/p>\n<p>En otro tiempo, en el que tuve la dicha, como voluntario de prisiones, de activar aquel anhelo humanista, que titul\u00e9: \u201cDe los sue\u00f1os a la vida\u201d; y que, no era otra cosa, que una invitaci\u00f3n a renacer de las cenizas. Con el paso de los a\u00f1os, sigo pensando que nos urge hacer m\u00e1s humana la vida en la c\u00e1rcel. Aquellos acompa\u00f1amientos culturales fueron inolvidables. Como dec\u00eda un preso, que llevaba toda su vida entre rejas, vamos a poner el talento al servicio del arte, del di\u00e1logo, con la fuerza liberadora del amor en definitiva. Por momentos, el ambiente carcelario abr\u00eda ventanas con los poetas, dibujaba horizontes con los pintores, y con algunos cantaores, se profundizaba en la m\u00edstica. Quiz\u00e1s deber\u00eda volver alg\u00fan d\u00eda a llorar con vosotros. Cu\u00e1ntas l\u00e1grimas he visto caer por las mejillas de internos que nunca hab\u00edan llorado en su vida, y por el mero hecho de sentirse acompa\u00f1ados y queridos, se derrumbaban entre sollozos. Por eso, lo estoy madurando, tal vez necesite gemir con vosotros la pena que llevo dentro, la de un mundo deshumanizado como jam\u00e1s. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":10729,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10728"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10728"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10728\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28764,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10728\/revisions\/28764"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10729"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10728"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10728"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10728"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}