{"id":10423,"date":"2018-05-22T00:00:00","date_gmt":"2018-05-22T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/todo-se-hace-y-se-transmite-en-familia"},"modified":"2024-02-22T21:30:08","modified_gmt":"2024-02-23T03:30:08","slug":"todo-se-hace-y-se-transmite-en-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/todo-se-hace-y-se-transmite-en-familia","title":{"rendered":"Todo se hace y se transmite en familia"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;Por amor todo se alcanza, y cuando se cultiva en familia, el avance hacia lo arm\u00f3nico es una realidad que va m\u00e1s all\u00e1 de las palabras, puesto que es el mayor signo esperanzador, que una especie puede aglutinar. Ciertamente, los tiempos actuales no son f\u00e1ciles para nadie, quiz\u00e1s nunca lo han sido, pero en nuestra misi\u00f3n est\u00e1 vivir con ilusi\u00f3n la propia responsabilidad que todos tenemos, en mayor o menor medida, ante el mundo. Con los conflictos creciendo por doquier, millones de ni\u00f1os corren el riesgo de crecer sin amor, sin referentes, ni educaci\u00f3n alguna. Por si fueran pocos los trances, adem\u00e1s cada d\u00eda es m\u00e1s complicado comunicarse coraz\u00f3n a coraz\u00f3n, algo que se propiciaba desde la misma familia, haciendo linaje amando, pues amar es vivir desvivi\u00e9ndose por aquellos que nos quieren. <\/p>\n<p>El querer lo es todo en el camino. Es la voluntad la que nos eleva y reconcilia. Por desgracia, hay mucho falso que quiere a su modo echar por tierra nuestros propios sue\u00f1os. Saber conciliar es una experiencia poco activa en estos tiempos de aislamiento y de poca serenidad, donde lo que prolifera es el ego\u00edsmo y la venganza. Bajo estas maldades, evidentemente, resulta complicado interiorizar valores que nos insten a dejar estas atm\u00f3sferas perversas y crueles, de inclinaciones compulsivas deshumanizantes y antisociales. Con raz\u00f3n, Naciones Unidas, estima que todas las partes en hostilidad mantengan, en todo momento, su obligaci\u00f3n de proteger a los civiles de todo da\u00f1o, repar\u00e1ndoles si fuera menester. <\/p>\n<p>Justamente, todas las batallas son absurdas y hay que comenzar por la familia, que es donde realmente se emprenden y se desarrollan los primeros h\u00e1bitos de convivencia y respeto, para poder trasladar ese esp\u00edritu de concordia a la sociedad, hambrienta como nunca de sociabilidad. Cuando falla ese lazo social, el derrumbe es un hecho y se impone la anestesia. El mismo sufrimiento de nuestros an\u00e1logos apenas nos conmueve. En consecuencia, nuestra nueva pol\u00edtica ha de ser m\u00e1s de acompa\u00f1amiento e integraci\u00f3n hacia esos esp\u00edritus fr\u00e1giles, deseosos de otros itinerarios m\u00e1s pac\u00edficos y hospitalarios. Hemos de reconocer que as\u00ed brota la ternura, tan olvidada en el presente, capaz de suscitar a nuestro alrededor el gozo de sentirnos algo para alguien, que no es otra que la satisfacci\u00f3n de creernos amados en definitiva. <\/p>\n<p>Por otra parte, en el aut\u00e9ntico hogar todo es de todos, hay un signo de pertenencia y de comprensi\u00f3n, y lo que ha de corregirse se hace desde el amor. Verdaderamente, as\u00ed es como se avanza en humanidad, porque hasta el mismo esp\u00edritu digno no se concibe como tal, si antes no se ha vivido desde dentro y en grupo. Precisamente, esa incoherencia que prolifera en nuestras acciones muchas veces, se debe a una falta de convicci\u00f3n s\u00f3lida que estuvo ausente en nuestros primeros lenguajes. De ah\u00ed, la trascendencia de esa formaci\u00f3n de afecto en las moradas, que es lo que inspira en lo sucesivo un amoroso fervor. Ya lo dec\u00eda en su \u00e9poca, el inolvidable fil\u00f3sofo y escritor franc\u00e9s, Voltaire (1694-1778): \u201cNo siempre depende de nosotros ser pobres; pero siempre depende de nosotros hacer respetar nuestra pobreza\u201d. Desde luego, mientras m\u00e1s logremos considerarnos unos hacia otros, m\u00e1s crecer\u00e1 ese \u00e1nimo solidario para el que hemos de estar en misi\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>Nunca es tarde para reconstruir una familia, por muchas generaciones que aglutine. Hay historias en el camino de la vida, como ese \u00faltimo deseo de una bisabuela de 111 a\u00f1os, Layla (refugiada siria), que ahora vive en Atenas (Grecia), pero que espera reunirse con sus nietas en Alemania, que nos hablan de ese amor profundo, de vivir unidos para siempre, que merecen nuestra sinton\u00eda. Es un querer m\u00e1s hondo, tal vez sea una fuerza sobrehumana, capaz de mover monta\u00f1as, pues las decisiones del coraz\u00f3n involucran toda existencia. Por eso, aquellos que maldicen contra la familia, o la ignoran, no saben que viven por ellos, y a ellos han de volver, para vivir en ese n\u00edveo amor que todos buscamos. <\/p>\n<p>En suma, que todo se hace (y renace) a trav\u00e9s de ese esp\u00edritu de unidad y de todo en com\u00fan. No tiene sentido, por tanto, ese af\u00e1n disgregador, siempre destructor, en la medida que nos debilita como seres humanos por muy endiosados que estemos. Sea como fuere, no podemos prescindir de ese tronco que nos hermana y nos exige generosidad, poniendo en valor nuestra capacidad de entrega a los dem\u00e1s. Desmembrado de las ra\u00edces es como matarnos a nosotros mismos. Lo esencial es el amor y la adhesi\u00f3n al propio deseo de amar. Haci\u00e9ndolo en familia, es escuela de vida; en cambio, la barbarie intrafamiliar es corriente de resentimiento y desprecio. Elijamos, sin hacer alarde ni agrandarse, aquello que nos sostiene y nos sustenta: \u00a1amarnos! Y empecemos, por nuestra propia familia. Veremos c\u00f3mo cambia la sociedad y se humaniza.  <\/p>\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Algo m\u00e1s que palabras<\/p>\n","protected":false},"author":1022,"featured_media":10424,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10423"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1022"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10423"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10423\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28650,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10423\/revisions\/28650"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10424"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10423"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10423"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10423"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}