{"id":10215,"date":"2018-04-27T00:00:00","date_gmt":"2018-04-27T06:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/blog\/el-reflejo-de-un-lider-2"},"modified":"2024-02-22T21:28:37","modified_gmt":"2024-02-23T03:28:37","slug":"el-reflejo-de-un-lider-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/opiniones\/el-reflejo-de-un-lider-2","title":{"rendered":"El reflejo de un l\u00edder"},"content":{"rendered":"<p><b><i>Sobran los motivos<\/i>, por Jordy R. Abraham.<\/b><\/p>\n<p>Cuando pensamos en liderazgo, por lo habitual, nos viene a la mente la imagen de una persona con car\u00e1cter imponente, cuya voz sobresale por su vigor energizante y sus cualidades son dignas de admiraci\u00f3n. Por supuesto que un l\u00edder debe ser respetado por sus fortalezas pero, con frecuencia ponemos atenci\u00f3n \u00fanicamente a aquellas caracter\u00edsticas m\u00e1s obvias, mientras que pasamos por alto ciertas habilidades que son igualmente determinantes. <\/p>\n<p>Es innegable que, por definici\u00f3n, los l\u00edderes deben distinguirse por representar un ejemplo a seguir para muchos, con el apoyo de un magnetismo especial para convencer a terceros de sumar sus voluntades para participar en proyectos o empresas que busquen causas espec\u00edficas. <\/p>\n<p>As\u00ed, evidentemente la oratoria funge como una herramienta altamente poderosa, pues se basa en la comunicaci\u00f3n efectiva para persuadir o invitar a la reflexi\u00f3n. Sin embargo, el proceso comunicativo que llevamos a cabo los seres humanos, por lo general, es complejo y requiere de talentos adicionales para lograr su cometido. <\/p>\n<p>Es decir, no siempre bastar\u00e1 con proyectar seguridad al exponer un tema, sino que es necesario establecer un v\u00ednculo aut\u00e9ntico con quienes nos escuchan para abrir un canal en el cual la empat\u00eda est\u00e9 presente y selle un lazo entre los interlocutores. <\/p>\n<p>De modo tal que la sensibilidad es un elemento indispensable para desarrollar un liderazgo integral, pero sobre todo con un sustento firme, que permita al individuo desenvolverse como un verdadero agente transformador para su entorno. Aqu\u00ed, es menester, precisar que la sensibilidad no es una caracter\u00edstica que se relacione con la debilidad, sino todo lo contrario.<\/p>\n<p>El ser sensible puede traducirse en poseer una pericia inusual para detectar y comprender problem\u00e1ticas, necesidades o potencial ya sea en comunidades o en las propias personas. Esta habilidad consta de la facultad privilegiada para ver lo que otros no pueden ver. Definitivamente, el l\u00edder requiere de ejercer esta sensibilidad para con sus colaboradores, de manera que se cree una din\u00e1mica de cohesi\u00f3n perdurable que se refleje en resultados positivos y contundentes en pro del bien com\u00fan. <\/p>\n<p>Otra cara de la sensibilidad radica en la supresi\u00f3n de la indiferencia ante la injusticia, por lo que aparecen sentimientos de profunda indignaci\u00f3n en el sujeto, al percatarse del padecimiento ajeno. Empero, el l\u00edder no se queda con el coraje emanado de la empat\u00eda, sino que se decide a actuar para encontrar soluci\u00f3n a eso que le inconforma. Dicha sensibilidad es un impulso para contribuir a la mejora del tejido social. <\/p>\n<p>Las palabras pueden ser atractivas y convincentes cuando se pronuncian con sagacidad, no obstante, solo puede sembrarse conciencia al establecer una sinergia de empat\u00eda entre quien detenta el liderazgo y sus aliados, aspirando juntos en equipo a luchar hasta el cansancio en favor de los ideales trazados. <\/p>\n<p>Practiquemos conductas reiteradas que nos lleven a forjar la sensibilidad en nosotros mismos. Evitemos ser ap\u00e1ticos ante las situaciones desfavorables que sufren cientos de miles diariamente. Es tiempo de contribuir y empe\u00f1ar un esfuerzo conjunto en la construcci\u00f3n de un porvenir con rumbo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobran los motivos.<\/p>\n","protected":false},"author":1061,"featured_media":10216,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"tdm_status":"","tdm_grid_status":"","footnotes":""},"categories":[25],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10215"}],"collection":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1061"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10215"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10215\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28570,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10215\/revisions\/28570"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10216"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10215"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10215"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/dralvarez.com.mx\/larevista\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10215"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}