Es un oficio castigado, pero un país sin agricultura está muerto

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El ingeniero agrónomo Bernardo Caamal Itzá recuerda que debido a que su abuelo fue milpero, éste siempre lo orientó a que se dedique a esta actividad ya que apenas cuando tenía 12 años, don Tiburcio Itzá le dijo te voy a dar cuatro mecates para que siembres.

Desde antes, él ayudaba a su abuelo en la siembra y la recolección de los frutos así fue como se dio cuenta que su vocación sería la agricultura y que años después lo llevó a estudiar en la Universidad de Chapingo. Es especialista en Fitotecnia Genética de planta.

“Mi abuelo nunca renegó de la agricultura. Siempre buscaba cómo salir adelante. Es un oficio castigado, pero un país sin agricultura está muerto”, indicó.

Esta actividad la combina con la investigación de las cabañuelas mayas, que próximamente publicará un libro y con el periodismo ya que tiene un programa de radio donde habla de la milpa y también escribe notas, principalmente de denuncia que suceden en su natal Peto.

Como agrónomo se dedica al cultivo de la sandía, maíz, calabaza, pepino, melón y yuca.

Al retomar sobre el cultivo dijo que así sembró melón, pero en ese entonces sin repelentes naturales como plantas olorosas que ahuyentan a las plagas.

En entrevista para Reporteros Hoy narró que a sus melones se lo comían los gusanos. Era la primera vez que plantaba, era mi responsabilidad, no sólo ayudaba.

En la preparatoria, la estudió en la Cbta 18 en Oxkutzcab ya que allí daban bachillerato con Agronomía.

Recordó que allí el maestro que les daba las clases de plaguicidas era egoísta ya que sólo se los entregaba, no permitía que ellos lo vean. “No sabíamos que le íbamos a poner”.

Sus ganas de estudiar motivó a su abuelo, ya que fue huérfano de padre y a familiares a ingeniárselos para que estudien.

“Familiares iban a trabajar a Cancún, nos mandaban dinero para que criemos puercos y así costeáramos los estudios”, dijo.

En su casa no había electricidad, bebían agua de pozo por lo que tenían que jalarlo y tampoco había dinero para fotocopias. Estudiaban con los pocos libros que hay en la biblioteca.

“El hijo del campesino están en desventaja, no hay recursos”.

Al terminar la preparatoria decide estudiar en la Universidad de Chapingo, ya que allí la beca es completa. Aunque aspiran como 30 mil alumnos de todo el país y únicamente aceptan como a 2,800.

Aunque estudiar allá aprenden sobre una agronomía de zona templada, muy diferente a Yucatán. “Allá siembras manzaneros”, ríe. Pero esto le permitió estar en varios lugares trabajando como Baja California y Chiapas y tiene un panorama más amplio.

SANDÍAS

“Más me dedico al cultivo de la sandía. El año pasado coseché como una tonelada y gracias a las cabañuelas mayas planifiqué y únicamente perdí como el 30 por ciento de la cosecha”, aseguró.

Explicó que este oficio tiene tres caminos: trabajar por tu cuenta, para una empresa o para el gobierno. Aunque para estos dos últimos las plazas están contadas y por ello decidió trabajar por tu cuenta.

Criticó que en el caso de las plazas que hay en el Gobierno los programas sólo son con fines electorales no tienen intención de solucionar los problemas del campo.

“Históricamente dedicarse al campo es rebeldía porque los campesinos atienden un principio básico que es la alimentación, el que está lleno puede exigir y esto no lo quiere el Gobierno y por eso sólo da remedios al campo”, explicó.

Señaló que por eso un fracaso del temporal mueve gobierno. “Las sequías truenan gobierno”, dijo.

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