La detención de los dos presuntos asesinos de Ema Gabriela Molina Canto, se logró gracias a los videos de unos vecinos y a la colaboración del taxista que los transportó, quien aportó la descripción que permitió a la policía detener a los sujos, ambos de origen tabasqueño y menores de 25 años de edad.
El par fue detenido en el primer cuadro de la ciudad de Mérida en respuesta a una alerta para su ubicación, y turnado al Ministerio Público.
En conferencia de prensa, el Secretario de Seguridad Pública, Luis Felipe Saidén Ojeda; el Fiscal, Ariel Aldecua Kuk y el Secretario General de Gobierno, Roberto Rodríguez Asaf, no descartaron que la mujer haya sido ejecutada por orden de su ex marido, Martín Alberto Medina Sonda, ex funcionario del gobierno estatal de Tabasco, con quien sostuvo un largo proceso legal por la custodia de sus tres hijos, que al final ganó Molina Canto.
De la misma manera, anunciaron que se pedirá la pena máxima de 50 años de cárcel para los detenidos, ya que se les acusaría de feminicidio.
Contrario a las versiones que circularon minutos después del crimen, los funcionarios descartaron el uso de un arma de fuego, pues, aunque no se ha concluido la necropsia, y hasta el momento la muerte fue a causa de varias heridas causadas por un arma punzocortante.
Respecto a la causa del homicidio, informaron que están abiertas varias líneas de investigación, y no se descarta que esté vinculado su ex esposo.
Asimismo, se informó que la mujer no había solicitado seguridad a las autoridades estatales, pero informaron que analizan la protección policiaca para la madre de la fallecida, que se haría responsable del cuidado de los tres niños.
Como sociedad, no pudimos defender a Ema Gabriela
Por: Pablo Cicero
Como sociedad, no pudimos defender a Ema Gabriela. Y eso lo tenemos que asumir. Leímos con morbo, desde 2012, sobre su caso. Y no hicimos nada. Periódicos como el Diario de Yucatán incluso ganaron dinero con este asunto, al publicar planas pagadas por su ex esposo. Muchos yucatecos, también, fueron —o son— socios de quien hoy es el principal sospechoso del crimen.
Como sociedad, ¿podremos defender a sus tres hijos? Solo eso nos queda. Ante la tragedia que nos salpica de sangre, tenemos una deuda con ellos; una deuda inmensa. Hace unos momentos, José Luis Preciado retransmitió en su programa de radio una entrevista que le hizo a Ema Gabriela. En ella, la víctima hablaba de cómo sus hijos habían resentido el drama familiar.
Son tres los hijos por los que vivió —y murió—: Mariana, de 11 años; Martín, de nueve, e Isabella, de siete.
«Mariana», decía entonces Ema, «adoptó el papel de mamá; sus hermanitos, de decirle Mariana comenzaron a dirigirse a ella como ma…».
Una infancia a salto de mata, envenenados por ese padre tóxico, que recurrió a la violencia para arrebatárselos a su madre.
Un botín de egoísmo, objetos de vendettas, el trauma de estos pequeños alcanzó ayer un umbral inimaginable.
Según se relata hoy en el Diario de Yucatán, «al momento del ataque, en la casa estaban los tres hijos que la mujer peleó por varios años (…). Fue la mayor quien escuchó los gritos de su madre y al abrir la puerta principal de la casa la encontró apoyada, llena de sangre.
«‹Cuando la niña abrió la puerta, el cuerpo de su mamá cayó›, dijo una persona que observaba el trabajo de policías, investigadores y personal de los Servicios Periciales de la Fiscalía General del Estado. La niña comenzó a pedir ayuda y las vecinas acudieron a ella; también lo hizo un vecino que es médico, según se pudo averiguar, quien determinó que Ema Gabriela ya había fallecido. Mariana, ma…
Como sociedad, no pudimos defender a Ema Gabriela. Como sociedad, ¿podremos defender a sus tres hijos?


