Por: Cristina Padín.
…y, en algún momento repentino, llegarían esas mañanas hermosas que amanecen con mucha luz.. y sería abril, y regresaría la primavera, con las hojas y la vida y tardes de toros y sandalias. Pero era noviembre, era 9 de noviembre, era el día de la Almudena.. En Madrid irían a misa y quizá comerían la clásica corona.. Ella estaba llegando a Padrón, a Santiago llegaría al día siguiente. Un camino de un mes: pediría al Apóstol que le permitiera ganarle a su cáncer, y lloraría al recibir su compostela..
Él quería visitar algunas cosas. Conocía la obra de Rosalía de Castro (alguien no la conoce, acaso?.. opinaba una amiga suya que leía muchísimo)… Entraría en Santiago en la mañana siguiente, no conocía la ciudad, las emociones ya le hacían soñar.. Rezaría al entrar en la Catedral… llevaba varias semanas lejos de Sevilla.. Ojalá el Santo le concediera aquello que màs deseaba: ser torero! Estaba seguro de que se le saltarían las lágrimas al recibir su compostela..
Ella se llamaba Isabel, él Manuel. Ella iba escuchando a Phill Collins, él a Nani Cortés. Los dos caminaban a Santiago. Los dos sabían que la compostela es alma, es única, es sensaciones, es todo.
Dedicado al Camino de Santiago
A las compostelas
Ya con la mirada en una nueva historia de historias
A Isabel y a Manuel
A mi Luis
Al toreo
A Madrid, ciudad que amo, y al día de la Almudena
A la música y a los artistas mencionados
A noviembre y a abril


