Por: Cristina Padín.
Llegaron unos hombres. También empieza así esa narración tan hermosa que hace nacer El bosque animado. Y las cosas que son hermosas se honran… Llegaron, pues, unos hombres… y al calor de la tibia tarde de noviembre, y antes de que un sol muy templado se marchara a dormir, cantaron unas canciones. Y unos tocaban la guitarra y otros el cajón…
Y el día era flamenco, era mejor..
Eran nietos de otros hombres que llegaron muchos años antes, cuando la tía, Amelia Silvia, cosía vestidos con manos de seda y ojos de intuición (la intuición es una virtud con mayúsculas)… Llegaron para crear arte y para, con arte, festejar a la muchacha, de nombre Silvia, que estaba de santo. Hacedora de volantes y joyas, lectora, culta, amante de vino y sol y vida, taurina..
Interpretaron temas de Paco de Lucía, de Camarón, de Nani Cortés. Y la noche les sorprendió bailando, porque donde hay felicidad no corre el tiempo. Hasta la Luna entonó unos versos… y preparaba ya, con las estrellas, la festividad de san Carlos..
Un cuento para festejar el santo de mi querida hermana. Creo que es lo mejor que se puede tener en la vida: hermanos
No tuve una tía llamada Amelia Silvia, es ficción, pero tuve a mi abuela Amelia, que cosía tal como yo he descrito, con màs de 100 años
También tengo hermanas no de sangre, como Ana
Al flamenco y a los artistas mencionados
Al toreo
A mi amigo Carlos
A mi querido Luis
A la sensibilidad y el arte
Regalo muchas veces El bosque animado, es un libro ideal


