Era, de todos los parques del pueblo, quizà el más animado. Concentraba la luz de la primera mañana y el color dorado del atardecer, a la vez era fresco y sombreado.
En una de las esquinas había una biblioteca, y como se había hecho un excelente trabajo en el fomento de la lectura libros cono Circe o Mujercitas o Talión se veían con frecuencia.
En otra de las esquinas estaba un local de copas. Acaso alguien no disfruta una buena copa de vino? Y siempre sonaba música estupenda. A veces flamenco, qué lujo!
La vida sin música no se comprende. Y la música divina de los sonidos de los juegos infantiles, qué belleza, convivía muy bien con la madurez de las charlas de los ancianos.
Paraban en el parque muchos peregrinos que hacían un descanso en su camino, en una de las muchas rutas del histórico Camino de Santiago. Qué hermosura!
Y, atravesando una de las salidas del lugar, se llegaba a la Plaza de Toros. Tantos carteles de ilusión! Talavante había toreado allí, Josè Tomàs también…
Sin duda el parque era una maravilla. Una zona de emociones y sensaciones. Lo que ocurría era que el faltaba el nombre. En el pueblo eran muy cultos…
Y le pusieron por nombre El parque animado
Qué cosa tan bonita es El bosque animado, un homenaje
A las sensaciones
A la cultura
A mi mago, faltan nueve días!
A Albriux
Al toreo
A Josè Tomás
A tomasistas
A Luis
Al Camino de Santiago
Y a los lectores


