Son los que están. Siempre. Son el ancla y el timón. La verdad absoluta. Son lo que es real, el amor, el darlo todo. El consejo, y a menudo el que se acepta tarde; el afecto más puro; la fuerza; el hogar; el sabor de la infancia; lo que calma: el bálsamo!
Son los que hacen magia, el 5 de enero con color de Navidad y el resto de los días con coraje y amor; son parte de lo que somos; son el pasado y el futuro; son el aprender a escribir, los cuentos en la cama, el te hago algo calentito; el desvelo sincero.
Son ángeles en la tierra vigilantes y con un beso que es milagroso muchas veces; son pesados en ocasiones, pero tienen razón; son los que trabajan, los que lo arreglan todo; son los abrazos, la protección, la chimenea encendida, son lo mejor.
Son los padres!
No seríamos nada sin nuestros benditos padres, ojalá fueran eternos. El toreo también tiene padres. Para que vayamos a los toros ahora existieron Pedro Romero y Antonio Ordóñez y David Silveti. Y tantos. Respeto sereno a los padres del toreo!
Se me ocurrió este relato en el tanatorio esta mañana. Dedicado a Santi y a Félix
A los padres. A todos. A los que están aquí y a los que están en el cielo
A Luis y a sus padres
Al toreo
A la memoria de los toreros mencionados
A las ferias que empiezan
A la gente de verdad


