Por: Cristina Padín.
Leo quería escribir un villancico para aquel concurso de composiciones que se convocaba en la plaza de toros. El toreo siempre está vinculado a la cultura y a todo tipo de actividades interesantes. El toreo es arte… El toreo es música, saberes, ole!
Pero Leo era un chico muy particular..
Leía mucho. En estas fechas a veces la muy clásica Canción de Navidad de Dickens desordenaba todas sus emociones, pero en otras ocasiones optaba por los cuentos de Paul Auster con temática navideña, más duros y curiosos, también le encantaban..
Paseaba por la ciudad con mascarilla y patines..
Escuchó sonidos y silencios. Observó con los ojos del corazón, así es como se observa bien. Miró.. pensó.. Y compuso una pieza de ritmos antiguos, al gusto del abuelo. Un villancico donde habló de la alegría de compartir. Es la Navidad!
Aunque no era un chico presuntuoso llamó a su obra El villancico de Leo. En él los pequeños con síndrome de Down eran los niños más queridos del pueblo, en las escuelas se regalaban libros y libros de toreo, la gente apreciaba a los ancianos..
Triunfó el villancico! Ganó Leo..
Dedicado a los niños y a cualquier niño con problemas
A los abuelos y a mi abuela con un beso hasta el cielo
Al toreo
A los que hacen cosas bonitas por el toreo
A las personas que aprecian la lectura
A las costumbres navideñas
A Luis
A Leo, protagonista de uno de mis cuentos navideños


