El ángel ya estaba allí en noviembre, y aún no lo sabían. La melancolía del undécimo mes del año se llevó la luz, el calor.. y la vida de María. Fallecía una anciana de ley, pura, hija de Dios, bondadosa y dulce.
Dejaba un pilar firme en la tierra: su hija Pilar sabría cuidar los días y las noches de la otra María. María: la nieta.
El ángel, tal vez, viviría en el cielo, o no. Los ángeles son discretos, tanto como tan poco lo son muchos humanos, y no gustan de alardear, y por eso no sabemos tanto de sus apasionantes vidas.
Su vida quizá transcurriera en el cielo. O no.. estar estaba allí: en la ciudad hermosa y serena y sagrada y taurina y honesta y española. Iba por el tiempo y por la calle con boina y gafas. Por qué no?
Y en la dulce Nochebuena quiso ofrecer su regalo de Navidad. Pilar y María querían ir al hospital a agradecer los cuidados brindados a la otra María. En la calle, entre la niebla del 24 decembrino, no había taxis..
El ángel apareció. Conduciendo. Hizo que el milagro fuera posible. Pilar era generosidad y sabiduría, palabras excelentes. María, niña, era alegría y agradecimiento. El cuento de Navidad se escribió así..
Dedicado a cada ángel en la vida
A Albriux: sois cracks
A Pablo
A mi amigo José Vázquez
A los abuelos y a mi abuela
Al personal sanitario
A las personas bondadosas
A Luis
A María: casi tres meses
Al toreo y a las ciudades taurinas


