Aquella tarde de agosto ella iría a misa a las nueve. Con la fresca que, en el sofocante calor de casi cuarenta grados, no era tal fresca, era el verano latiendo con fuerza antes de que el sol pintara de rojo el cielo y se marchara a dormir. Él, el guerrero, lejos, estaba luchando en su propia batalla…
Ella saldría de la casa familiar, blanca blanca blanca, y caminaría por la sombra.. el tiempo sonaría a chicharra, a pereza, a estío, a días largos de campanadas y horas turbias y agitanadas. Una guitarra sonaría allí, un niño jugaría soñando ser torero allá, mujeres de negro se llegarían a la iglesia…
Una tarde de agosto cálida..
Un sueño, un rezo, un deseo..
(Cuento de verano completamente atemporal)
Al toreo
A la fe
A mi amiga Ana
A Luis
A Albriux
A los guerreros


