Pablo no regresaría a casa tras rezar ante el Apóstol Santiago. La muerte le arrebataría el color franco de los ojos y su sonrisa de emprendedor. No lo sabía aquella mañana, su primera mañana en Compostela, y se sentía feliz y satisfecho. Había rezado en el Camino, había pensado, había amado..
Pepe regresaría a Sevilla al día siguiente. Y como siempre iría a la Maestranza a ver y a disfrutar toros: su emoción, su pasión y su afición. Llegar a la Catedral le humedecía las pestañas y le alimentaba el alma. Días y noches de peregrinación llenaban su paz de más paz..
Qué bendición!
El francés, y ella, también retornarían a sus hogares. A su vida. También ella había amado…
Dedicado al Camino de Santiago
A la historia que pronto quiero escribir
A la fe
A Pepe y a Pablo
A Luis
A Santiago de Compostela
A mi familia
A Albriux


