Por: Cristina Padín.
Veía, el noble caballero, el reloj. El reloj de la Torre de la Lealtad. Y creía realmente, en su corazón no delator y sí luchador, oír una o tres campanadas. El tiempo… el perdido y el que queda por venir, por perder y por vivir.
Veía el cielo azul y soñaba llegar..
Y llegó. Lo que se hace bien suele dar buen fruto. Llegó, el noble caballero, a la cima.. y desde la altura veía los campos, los de Castilla y los que estaban cubiertos de amapolas, sentía el calor y la sed, rezaba… y se encontraba satisfecho…
Llegó, con su caballo.
Y sí sonó el reloj. Le fascinaban los latidos de los relojes. También Morante, su hijo de hecho era conocido como el niño morantista, el vino tinto, los poemas y el flamenco. Lo que fascina a cualquier ser normal…
Y sí le hicieron las tres preguntas, como afirmaban viejas leyendas. Tres eran tres las preguntas de Inés, que se llamaba Paco y era un hombre. Qué no perdonas, la mentira, repuso. Qué valoras en la vida, la verdad, contestó. Qué protegerías del olvido, el toreo, afirmó.
Y las respuestas fueron válidas y el noble caballero sí pudo pasar… Se llamaba… intenta adivinar su nombre. Era verdad y lealtad!
Dedicado a las personas de verdad
A Morante
A los morantistas
Al toreo: tesoro de España y algo que ha de protegerse
A mi mago
A Tendido Cero, programa que me fascina
A Albriux
A mi niño Luis
A Pablo
A Carlos
Y a los nobles caballeros


